Fermín Muguruza en Bogotá: una noche para gritar en euskera aunque no lo hablemos
Por: Carlos Guerrero
@mrchemix
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Fermín Muguruza regresó a Bogotá como parte de su gira de 40 años de carrera artística, una celebración que arrancó en Europa, ha cruzado gran parte de América y que incluso lo llevará a Japón, con dos fechas confirmadas. Esta gira es mucho más que una serie de conciertos: es un recorrido vital por la historia de un artista que ha hecho de la música una trinchera de lucha, identidad y resistencia.
En el Boro Room, ante un público cercano a las 400 personas, Fermín ofreció un show poderoso, enérgico y visceral. Comenzó con “Urrun” (lejos), del álbum Brigadistak Sound System, y cerró con “Sarri Sarri”, ese clásico de Kortatu que se ha convertido en un grito colectivo contra la opresión. Pero no solo fue un viaje por su discografía: también fue un reencuentro con las emociones que su música despierta, incluso cuando está cantada en un idioma —el euskera— que muchos no entendemos, pero sentimos con fuerza.
Porque sí, en los 90 muchos coreábamos esas canciones sin saber exactamente qué decían, pero con la certeza de que hablaban de rabia, dignidad y rebeldía. En Bogotá, bandas de punk y ska hacían covers de sus temas porque Muguruza es un artista que traspasó fronteras no solo geográficas, sino idiomáticas y culturales. Su voz es la de una generación que entendió que la autogestión también es un acto político, y que bailar puede ser un gesto de resistencia.

El concierto tuvo un momento especial con la aparición de Jacob DMC, quien también abrió la noche. Se subió al escenario para cantar “Zu atrapatu arte”, tema que ya es prácticamente un himno. Jacob, que prepara su propia gira por Europa, bien podría encontrarse en algún escenario del viejo continente con el cantante vasco, como dos luchadores que cruzan caminos en la misma línea del frente.
La fuerza de Fermín no está solo en su voz: lo acompañan nueve músicos en escena y un equipo técnico que da forma a un espectáculo de alto voltaje, perfectamente sincronizado y profundamente humano. Y lo digo porque hubo espacio para recordar a su hermano Iñigo, saludar a sus amigos cercanos de Bogotá que lo han respaldado cada vez que ha pisado estas tierras, y extender un mensaje de solidaridad a todos los presos vascos en Colombia y en el mundo.


Casi tres horas estuvo en tarima, repasando todo su legado musical. En está gira también hizo parte México, un país donde su mensaje ha echado raíces profundas. Aunque en su paso por el Foro Alicia, en Ciudad de México, frente a unas 600 personas que ya se encontraban en el lugar, el concierto fue abruptamente cancelado cuando apenas llevaban un par de temas. Las autoridades alegaron supuestas faltas de permiso, dejando ver que el fascismo aún intenta imponerse sobre la libertad de expresión, tal como sucedía hace 40 años cuando el grupo nacía en tierras vascas.
Negu Gorriak, Kortatu, su carrera solista y múltiples colaboraciones han dejado una huella indeleble en la música contestataria. A lo largo de cuatro décadas, Muguruza ha demostrado que se puede ser coherente, combativo y creativo sin perder la esencia. Muguruza sigue transmitiendo esa energía que mostraba en sus inicios con Negu Gorriak y Kortatu. Y esa noche en Bogotá, todos los que estuvimos ahí nos sentimos, por un instante, un poco más vascos.


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